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RITO Y BRILLA O LA IMAGINACION DE LOS HERMANOS BOBOS


Estaban un día ambos bobines en el rio intentando pescar.

El cuco reposaba en una hoja tumbado boca arriba fumándose uno de sus inacabables mini cigarritos.

El niño tonto no era partidario de ensartar a un pobre gusano en el anzuelo, le parecía injusto torturar a un animalillo sólo para atrapar a otro, pero la mamá sabia esperaba que le llevara algún pez y cocinarlo para toda la familia, de manera que usaba migas de pan o cachitos de queso que la verdad daban muy mal resultado.

Por el rabillo del ojo vio a su hermana charlando con alguien pero no había nadie más a la vista.

Clavó la caña en el suelo y se acercó a la niña con curiosidad. Estaba ella sentada con las piernas cruzadas y charlaba animadamente con una culebrilla. Se asustó un poco pensando si sería venenosa pero el cuco rápidamente le tranquilizó:

-Tranqui tronco es inofensiva.

-Mira hermanito, dice la culebrilla que nos puede ayudar a pescar un buen pez para que mamá lo cocine sabroso sabroso.

El niño se agachó y escuchó atentamente al ofidio
.
-Mira esta cola, ¿la ves? -y movía la colita rápidamente- pues con esto les atraigo, son tan tontos, mejorando lo presente, que creen que es un gusano y abren su bocaza y se enganchan ellos solitos en el anzuelo.

-¿Y si te comen? -preguntó preocupada la nena.

-¡Uy! Que va, no sufras por eso soy muy rápida y además puedo perder la puntita de la cola si la cosa se pone fea, me crece otra vez y listo.

-¡Qué bien! ¿Ves hermanito? Podremos pescar un pez muuuuuuy grande.

-¡Alto ahí! Yo os ayudo pero con una condición.

-Ya decía yo, a ver, ¿qué quieres? –preguntó el niño tonto.

-Que seáis mis amigos y me llevéis con vosotros como al cuco.

-Ah ¿sólo eso? Claro que sí.

-Y otra cosa más, que me pongáis un nombre.

-Eh, Eh para el carro- gritó el cuco y se incorporó de un salto- de eso yo también quiero uno que ya está bien de llamarme Sr. Cuco o cuquito o cosas de esas, quiero un nombre.

Vaya problemón se les presentaba a los hermanos, la imaginación no era una sus mayores virtudes.

Mientras pescaba y la culebrilla hacía su trabajo llenando la cesta de gordos pescados, el niño rumiaba intensamente y la niña intentaba concentrarse sin  conseguirlo ya que las mariposas la distraían constantemente.

Empezaba a ponerse el sol y tenían que volver a casa sin haber encontrado nombres adecuados para sus amigos.

-Oye pajarito, échame una mano, no se me ocurre nada.

-No puedo ponerme nombre a mí mismo, compréndelo.

-¡Ven rito! -Gritó la niña llamando al cuco- verás que simpática es esta mariposa.

-¿Cómo le has llamado?

-¿Yo? No le he llamado de ninguna manera especial, es que es muy largo llamarle pajarito.

-¡Ya está!- gritó el niño- tengo nombre para los dos. Desde hoy el pajarito será Rito y la culebrilla Brilla.

-Viva la imaginación- murmuró el cuco por lo bajinis.

Y así adquirieron nombre propio ambas mascotas, aunque los hermanos siguen siendo tontos sin nombre.

¿UN POCO DE PORNO?



Acaba de encontrarse con ella, la mira, contempla su perfil, la rotundidad de sus formas. Sabe donde tiene que tocar para ponerla en forma.

Todo está preparado, ella está a la espera, él manda, él decide cuando empieza el juego.

Ella mantiene la boca abierta, el sabe que allí debe depositar el fruto deseado, lo hace, y suavemente desliza su mano hacia abajo buscando ese punto que la hace temblar.

Cuando su dedo medio roza el botón, él se estremece previendo el placer que sentirá dentro de muy poco, suspira y presiona.

Ella vibra, un temblor recorre su cuerpo, cada vez con más intensidad, él contempla el conocido proceso, sabe que no fallará, que ella le dará aquello que él más desea.

Finalmente el líquido fluye, suavemente al principio, a borbotones al final, él presiona de nuevo el botón mágico, y ella deja de estremecerse.

Y así es como se hace un zumo de frutas.

¿Qué creíais? Ji ji.



LA AZAROSA VUELTA AL MUNDO DE PANTACORTO Y TIRAMILLAS



Decidieron nuestros aventureros dar la vuelta al mundo.

Llenaron sus mochilas, inflaron las ruedas de su bicicleta tándem y salieron a la puerta de su casa con un mapamundi y un rotulador entre las manos.

-Empecemos, ¿arriba, abajo, derecha o izquierda? ¿Hacia dónde tiramos?

-Yo iría hacia arriba, eso es el norte ¿no? 

-Mmmmm, sí creo que sí, bien al norte, pero con cuidadin que por ahí anda el Charcosi ese que la tiene tomada con los gitanos y tú lo pareces, a ver si nos van a mandar pa otro lado.

-Vale, pues pasamos rozando y derivamos a la derecha, o sea al este ¿no?

-Si, si pero no muy a la derecha que ahí está el Berlu…nosequé ese no sólo echa a los gitanos, sino a todos los que no le gustan o sea que pasamos de puntillas.

-Bien, ya hemos pasado de largo ese peligro y subimos un poco, o sea al norte.

-Uy! No sé, no sé, por ahí han tirado no se qué al suelo y a los ríos algo  que contamina y quema y mata y esas cosas o sea que mejor nos mantenemos alejados.

-Buf! Bajamos rápido, a ver si se nos van a derretir las ruedas del tándem.

-Vale, bajamos, ¿sur? Si, hacia abajo es sur. ¡Anda! En esa zona somos unos infieles o sea que si nos pillan lo llevamos claro.

-¡Corremos hacia arriba! ¡Rapidito!

-¡Alto! Que si subimos demasiado llegaremos ahí donde el Chernóbil ese, que eso si que es peligroso.

-¡Sooooo! ¡Uf! Menos mal. Bien, ya estamos a salvo, yo seguiría por la derecha ¿tú qué dices?
-Si, a la derecha, ¿llevamos ropa de abrigo? Porque ahí hace un frio que congela los pensamientos.

-Pues por ahí no podemos tirar, volvemos a bajar y luego…

Y así siguieron un buen rato, aprovecharon para merendar mientras dibujaban flechas de aquí para allá sobre el mapamundi, tomaron un par de tragos de vino de la bota, se pusieron y se sacaron las bufandas y por fin salió la luna.

-Estoy reventado- dijo Pantacorto mientras desencajaba la mandíbula con un sonoro bostezo.

-Esto de dar la vuelta al mundo es agotador- confirmó Tiramillas.

-¿Qué te parece si mañana vamos de buceo al Triángulo de las Bermudas?

-Mañana no podemos, tenemos que ir al Serengueti ¿no te acuerdas?

-Cierto, cierto, lo había olvidado, pues lo dejamos para el lunes, que el domingo es para descansar.

Desinflaron las ruedas del tándem, vaciaron las mochilas y se fueron a descansar de su azarosa vuelta al mundo.



COSAS TONTAS DEL NIÑO TONTO


Como es natural las cosas que le pasan al niño tonto son tonterías, pero para él son grandes cosas que requieren grandes remedios.

Unos años atrás se encontró con uno de esos grandes problemas que no sabía cómo solucionar.  Estaba tendido en el suelo con una hoja de papel enfrente de él, y dibujaba garabatos, era una cosa que le encantaba, le maravillaba que de esa pequeña puntita metálica saliera un hilillo de color azul que él podía dirigir hacia donde quisiera para hacer eso que él llamaba “dibujo”.

De golpe y sin previo aviso el bolígrafo se murió entre sus dedos,  ya no salía el hilillo, el niño lo miró, lo remiró, lo volvió a mirar, le habló, lo acuno, pero nada, seguía si lanzar color azul. En un momento determinado lo miró a traves de la luz de la bombilla y confirmó sus peores temores: se había quedado sin alma, ese precioso color azul que recorría el cuerpo del bolígrafo había desaparecido.

Con las lágrimas y los mocos resbalándole por la cara fue en busca de su sabia madre.

-Ma..ma..ma, se ma muetttto- dijo con su media lengua de casi bebe- lalma, no tene alma

La madre sabia lo abrazó con suavidad le limpió la cara y después de consolarlo y acunarlo entre sus cálidos brazos le tomó de la mano y dijo 

-Ven cariño.

Juntos fueron hasta un rincón de la casa hasta un mueble lleno de cajones. 

-Mira mi amor, aquí hay mas almas de bolígrafo, cuando una de vaya coges otra y se la pones, además hay mas colores ¿lo ves?- tomó de sus manos el cuerpo del bolígrafo y con suavidad le introdujo un alma de color rojo- ¿te gusta este color o quieres otro?- el sacudió la cabeza de lado a lado. Estaba maravillado.

Miró a su madre con más amor aún, era la sabia más sabia de todas las sabias ¡y era su madre! Qué feliz se sintió.

Se limpió la nariz con la manga y corrió  la sala a seguir garabateando con su nuevo bolígrafo de alma roja.

Recordaba ahora este episodio porque unos días atrás su hermana boba se puso a berrear porque a su bolígrafo se le había ido el alma, se sintió sabio llevando de la mano a su hermanita, enseñándole el rincón de las almas y explicándole cómo hacer para recuperar esas almas de colores, en la mirada de su hermana reconoció la suya propia, su hermana le amaba y le creía sabio.

Cosas que pasan en la familia tontuna… ¿o será que también pasan en las familias “normales”?

PANTACORTO Y TIRAMILLAS

Estos eran dos amigos que se dedicaban a rondar por el mundo aprendiendo y absorbiendo todo aquello que veían.

Lo que más les gustaba era ir de escaparates. Se colgaban una mochila a la espalda y serpenteaban entre la gente hasta los más grandes y lujosos escaparates del mundo.

Tenían cierta discrepancia con respecto al tema, ya que uno les llamaba escaparates y el otro aparadores, pero aparte de eso estaban de acuerdo en todo.

Cuando llegaban frente a los escapadores (así acordaron llamarlos) se sentaban enfrente, extendían un mantelito a cuadros rojos y blancos y merendaban mientras contemplaban lo que se exhibía.

Los que más les gustaban eran aquellos en que se representaba la vida real. Unos espléndidos maniquíes representaban a la perfección familias ideales. Sus movimientos eran un tanto mecánicos pero a ellos dos no les importaba, obviaban estos pequeños inconvenientes y contemplaban embobados como se desarrollaban las escenas en los escapadores.

En uno de los escapadores por ejemplo había una familia compuesta por un padre guapo, rubio, alto y deportista, una madre morena, delgadísima que siempre se sorbía los carrillos y varios chavales todos guapos y perfectos. El padre golpeaba repetidamente una pelota de fútbol, se afeitaba con una maquinilla último modelo y se bajaba los pantalones para enseñar unos calzones de lo más chic.

Los niños llevaban unos cartoncillos rectangulares encima de los ojos, cosa que ni Pantacorto ni Tiramillas comprendían la finalidad que tenían, pero como no era criticones se encogían de hombros y seguían contemplando el espectáculo.
La mamá chupacarrillos, sólo paseaba y se cambiaba de ropa constantemente, poniendo una mano en la cadera y una pierna más adelantada que otra, daba media vuelta y otra vez lo mismo con otra ropa.

En otro escapador había otra familia. Esta era difícil de entender para nuestros aventureros. Eran 2 papas, 2 mamás, 2 niñas y un niño, alrededor de ellos entraban y salían constantemente una señora mayor que parecía una abuela, un abuelo cojuelo con una muchachita colgada del brazo, y varios chicos y chicas.

La acción era repetitiva la verdad,  pero mientras merendaban se distraían con la actividad de esa extraña familia. Uno de los papás tenía tomada de la mano a una de las niñas (la mayor) y tiraba de ella, mientras que una de las mamás (con una nariz muy rara y unas ojeras que daban miedo) tiraba hacia el otro lado, los otros papas y mamas solo miraban y de vez en cuando animaban a los tiradores.

Este escapador tenía sonido y todo. El papa mientras tiraba de la niña cantaba “Toa, toa, toa, te nececito toa”, y la mama gritaba a pleno altavoz “que te comas el pollo” y también “por mi hija MATO, M A T O”.

Todo esto no tenía sentido para nuestros merendadores, ni tampoco les importaba, simplemente les divertía, sólo de vez en cuando concluían que era una suerte que todo esto fuera solo un teatrillo y los personajes maniquíes sin alma ni nada, porque pensaban que sería muy, pero muy triste si alguna de éstas cosas fuera real.
 

AUMENTO DE LA FAMILIA TONTUNA

Un día el niño tonto decidió salir a pasear con su hermanita y mostrarle las maravillas del mundo.

Mientras caminaban iba señalando las cosas, “esto es una flor” decía, “esto un puente”, “esto un gato”, etc. etc. su hermanita miraba todo con ojos como naranjas y admiraba a su hermano por tanto como sabía.

Caminando, caminando, llegaron a la tienda de relojes. El niño recordó algo referente a un cuco de madera, así que entró para intentar dar forma a ese recuerdo que le rondaba por la mente.

Como siempre el amo de la tienda no le hizo ni caso o sea que pasó al fondo de la tienda con su hermanita de la mano.

Estaban a punto de dar las 11 de manera que sería un buen momento para intentar conversar con don cuco. Once veces saldría y once veces lanzaría sus preguntas.

A los pocos minutos empezaron a sonar las horas y el pajarillo salió disparado de la casa-reloj:

Señor Cuco…
Cucú
Verá yo…
Cucú
Quería saber…
Cucú
¿Por qué es Vd.…
Cucú
De madera?
Cucú

Faltaban 6 cucús y el pajarillo desaparecería hasta las 12. El niño tonto se estrujó su neurona, apretó los dientes y frunció el cejo forzando el pensamiento y una especie de idea vino a su mente. Había observado que el pájaro viajaba sobre una plataforma impulsada por un resorte que luego se replegaba sobre si mismo metiendo todo el paquete de nuevo en la casa-reloj.
 
En la siguiente salida metió su bolígrafo en uno de los huecos del resorte trabando el movimiento de retroceso.

El pajarillo de madera quedó a un palmo de su casa-reloj.

El niño lo miró fijamente y preguntó:

¿Me contestará ahora señor Cucú?

La niña boba miraba alternativamente ora a su hermano ora al pajarillo, no entendía ni papa.

Un largo minuto de silencio y finalmente el pajarillo suspiró, se sentó en la plataforma y cruzó sus patitas.

-Bueno amigo lo has conseguido-dijo, levantó una alita y de debajo sacó un diminuto paquete de tabaco que encendió rascando una aun más diminuta cerilla contra su muslo de madera.

Aspiró profundamente y exhaló una pequeñita voluta de humo.

-Ufff, estaba deseando echar un cigarrito. Bueno qué ¿nos vamos o qué?

Ambos niños miraban fijamente al pajarillo con la boca abierta de par en par y los ojos desorbitados por la sorpresa.

-Pero…pero ¿Vd. Se mueve? Creí que estaba clavado a la plataforma, yo solo quería…

-Solo quería, solo quería, pues has conseguido más de lo que querías, a partir de hoy iré contigo a todas partes, me has liberado y seré tu compañero hasta que te mueras, porque yo no me muero nunca, así que andando niño tonto, tenéis mascota nueva ¡jajajajaja! Cuando estemos lejos del relojero ya te contaré de qué va esto. ¡Vamos, vamos! Que igual nos ve y nos atrapa, me meto en tu bolsillo y cuando estemos en casa ya saldré- y así diciendo se deslizó hasta el bolsillo de la chaqueta después de apagar el cigarrillo en la planta de su patita.

Sin pensárselo dos veces el niño y su hermanita salieron disparados de la tienda. En realidad no hacía falta que corrieran, el relojero una vez más ni se fijó en su presencia.

Corrieron y corrieron hasta llegar a su casa, una vez allí el pajarillo sacó la cabecita con precaución y una vez comprobada la seguridad, salió, se dejó resbalar por el brazo del niño tonto y se plantó en medio de la mesa con las alitas en jarras mirando en derredor y moviendo la cabecita con gesto de aprobación.

-Bueno, bueno, me gusta. ¿No querrás que te cante las horas verdad? Porque estoy harto y tengo la garganta hecha cisco. No, no vuelo, soy de madera ¿recuerdas? Cerrad la boca que os van a entrar moscardones.

-Y ahora empieza a preguntar.

…Pero esa historia es para contarla en otro momento.

VUELVO PERO POCO

Pues nada que recién acababa de coger el sueño y me llaman que la mamá sabia se ha puesto de parto, que han calculado mal los meses de embarazo ¡Es que ni contar sabe esta familia!

Demos bienvenida a una nueva miembra de la familia tontaina.

Me cuentan que salió y ni lloró ni nada, así que su hermano el niño tonto se acercó a ella con cuidadito, porque es tonto pero no bruto, y puso su dedo índice en la manita de la recién nacida y esta rápidamente se agarró con fuerza lo miró a los ojos y dijo ¡beeeeeee!. Inmediatamente el niño tonto supo que iba a ser el paladín de esta pequeñísima criaturita (aunque él no sepa lo que es ser un paladín).

La mamá sabia se echó las manos a la cabeza y murmuró: Pues si nos ha salido boba, que le vamos a hacer.

El padre ausente en este caso no estaba ausente pero la cosa duró poco porque ante la evidencia de que la familia aumentaba pero no la inteligencia media de ésta se largó con viento fresco a su faro, no es que el sea el farero que va no da para tanto, solo se sienta allí con la esperanza de ver como un barco se estampa contra las rocas, muy listo tampoco es el pavo, hizo exámenes pa portero de finca y suspendió así que de intelectualidad anda escaso también.

Dicen que la nena es muy mona, boba, pero mona, sigue berreando como un cordero, por lo visto no se ha enterado de que es persona, pero para esto está su hermano tonto para explicarle como se llora cuando se es bebé persona.
La mama sabia ya ha empezado a preparar sus mamas lactarias a ver si hay suerte y la nena no quiere ponerse a cuatro patas para hincar las encías  al pezón, que nunca se sabe si cree que es borrega igual si, en caso de ser así todos esperan que dé buena lana.

Ya ha echado la primera meada que por supuesto ha ido a parar encima del hermano que la sostenía en alto el muy tonto.

Al parecer es boba pero lleva prisa por aprender, porque ya le ha metido el dedo en el ojo a su hermano tres veces y cuando él se queja se ríe la muy boba, ya veremos que son capaces de enseñarle entre todos.

Ya les he dicho que si dan una fiesta de bienvenida me guarden algo para cuando me despierte.

Y hasta aquí el comunicado del feliz ¿? acontecimiento, sigo con mi hibernación a ver si me dejan.

Buen invierno tengan ustedes.

CRONICA DE UNA INVASIÓN

Mis queridísimos conciudadanos, nuestra bella y querida Villa y Corte Celestial y Virtual, ha perdido sus atributos y ahora solo es un Triste y Despavorido Villorrio, eso si sigue siendo Virtual y Cibernética pero el encanto y la poesía que la embellecían está desapareciendo a pasos agigantados.
Esta es una Crónica que ningún cronista desearía escribir nunca: La destrucción de su terruño por Hordas de Bocasucias venidos de quién sabe dónde.
Como casi todos sabéis muchas de las estancias que ofrecían productos desempaquetados han sufrido bárbaros ataques. Como consecuencia el muy Ilustre Aventajado Alumno del Primer Gran Desempaquetador, el Zagal Bigotudo, ha recogido sus pertenencias y se ha refugiado allende los mares con la esperanza de evitarse más deterioro mental y físico.
Otras estancias como la del Primer Amigo Virtual el Sr. Mixtión ha sufrido la rapiña y destrucción de los almacenes en donde guardaban los productos de los cuales nos abastecemos los tabaquistas a diario.
Los que aún no han sido atacados ofrecen resguardo y apoyo a los heridos pero la batalla ha dejado muchos cuerpos en los caminos y algunos solo pueden restañar sus heridas y seguir un camino que nadie sabe donde les llevará.
El hedor de las hordas pestilentes ha impregnado la Pancarta que se inauguró en memoria del Primer Gran Desempaquetador, y se ha convertido en refugio de deslenguados que desde allí lanzan sus dardos envenenados a todos aquellos que con voluntad solidaria empaquetan y desempaquetan.
Nunca se vio en nuestra villa tamaño despropósito. Cierto es que algunos ciudadanos confundían las estancias tabaqueras con Hospitales y a los desempaquetadores en Sanadores, pero tal error procedía de los propios tabaquistas, que ansiosos por recibir su dosis capaces hubieran sido de fabricar alfombras de saliva para que los Desempaquetadores no dejaran de abastecerles.
¡Se ha llegado a insinuar entre Correveidiles, Dimidiretes y Cotillas especializados que el propio Gran Desempaquetador es el culpable de los ataques! ¡Habrase visto semejante osadía! ¿Por qué El llevaría a cabo semejante atrocidad? Miles siguen siendo sus seguidores, todos a la espera de su regreso, ¿qué necesidad tendría El de desembarazarse de posibles competencias que no son tales? Con una sola palabra suya los tabaquistas correrían a su estancia a rendirle pleitesía ¿Qué molestia serian para El sus alumnos o amigos por muy aventajados que sean? Ninguna. Por muchas insinuaciones que algunos desaprensivos dejen caer, nada prueba fehacientemente que El, el Primero tenga nada que ver en esa infección que atenaza nuestra Villa.
Cierto es que no ha conseguido mantener buenas relaciones con ninguno de sus alumnos y/o amigos, cierto que de todas las estancias en las que ha dejado sus regalos ha tenido que marchar dejando un ingrato recuerdo, cierto que quizás un punto de endiosamiento ha podido malograr tales asociaciones ¿Prueba todo esto que El esté detrás de este purulento virus que ataca a los Desempaquetadores? Vosotros mismos ciudadanos y ciudadanas debéis encontrar la respuesta.
Como Cronista que soy me hallo muy apenada ya que, aún no compartiendo algunos de los criterios por los que se rigen tanto los Empaquetadores como los Tabaquistas, creo firmemente en el respeto al prójimo y por encima de todo, en el respeto a la vida privada.
No intentaré desde estas páginas apelar al sentido común que como todos sabemos es el menos común de los sentidos, sé que la infección está muy extendida, que los Bocasucias no cesarán en sus invectivas y que los asaltantes de almacenes intentarán otros ataques, sólo espero que el aburrimiento les haga fijar sus viperinas lenguas y sus afiladas garras en otros lares, y que los Dioses Cibernéticos cojan confesados a sus siguientes víctimas.
Aquí cesa esta crónica que espero tenga una continuidad más placentera con noticias gratas para todos.
A los que se han ido les deseo Salud y Larga Vida y a los que se quedan Salud y Paciencia.

EL NIÑO TONTO Y LA SILLA

Si, ya sé que parecía que el niño tonto la había palmado esperando a que a las ranas les creciera pelo, pero no, es tonto pero no tanto, los huesos eran de los pichones que el cucú había echado del nido, además yo lo creé y si me da la gana lo resucito.
El caso es que el niño tonto un día fue a hacer un recado que su madre le había encargado, al llegar al sitio una voz desde la parte trasera de la tienda le grito: Póngase cómodo ahora mismo vengo. El niño tonto miró en derredor y vio varias sillas y allí que se fue a depositar su culín sobre una silla bien mullida.
Le colgaban las piernecillas y empezó a moverlas adelante y atrás golpeando con sus tacones una de las patas.
-¡Estate quieto!- el niño tonto miró alrededor pero no vio a nadie o sea que siguió con su golpeteo
-¡Oye niño que te tiro al suelo eh!-al niño le pareció que la voz venía de sus espaldas o sea que de un saltito bajó al suelo y miró con atención el respaldo de la silla.
-¿Me habla usted señora silla?
-Sí, ¿qué pasa que nunca has visto hablar a una silla?
-Pues la verdad que no, pero es que soy tonto ¿sabe?
-Ah pues será por eso, bueno que mejor te sientas en otra parte que estoy ya muy mayor para aguantar a un niño tonto y encima impaciente.
Desde la pared de enfrente otra silla chistó al niño tonto
-Chist, eh niño ven aquí.
-Dígame usted
-Te ofrezco mi asiento, anda úsame nene
El niño tonto se sentó e inmediatamente saltó al suelo.
-Uy! Está usted muy dura, muy incómoda si me permite decírselo.
-Sí, ya lo sé, me han recauchutado y me han dejado hecha unos zorros.
-¿Recauchutado?
-Ah! Claro que eres tonto, hay que explicártelo todo, pues que me han puesto un tapizado nuevo y me han dejado sin relleno los muy inútiles, pero a lo mejor tu me puedes ayudar.
-Dígame usted, pero recuerde que soy tonto, me lo tendrá que explicar de pe a pa.
-Sí, si no te preocupes, ves ahí detrás del mostrador y veras unos alicates ¿sabes qué son los alicates?- el niño asintió con la cabeza, bien pues los coges y vuelves aquí, el niño hizo lo que doña silla le decía, ya de vuelta la silla dijo, -¿ves estas tachuelas alrededor de mi culo? Otra vez el niño asintió, pues coges la cabeza de cada una de ellas y tiras con fuerza.
-¿Y qué va a pasar? Preguntó el niño tonto
-Eeeeeh, puuuues nada especial, sólo que así verán que se han dejado de poner el relleno, que soy una silla incómoda y me arreglarán como dios manda.
-Vale, dijo el niño y empezó a tirar con todas sus fuerzas de una de las tachuelas, sacó una, sacó dos, y así hasta llegar a la que estaba en una de las esquinas.
-¡Esa, esa! Saca esa yaaaaaaaa! Le gritó la silla.
El niño tonto se extrañó del ansia de doña silla de manera que se agachó y miró atentamente por la ranura que el mismo acababa de abrir, y allí vio un muelle a punto de saltar, vibraba y apuntaba directamente a la cara del niño.
-Pero doña silla usted no es de relleno es de muelles, si le quito el tapizado me saltará ese muelle a la cara y a lo mejor me pincha un ojo.
-¿Y a mí qué? Esa es la función de mis muelles, pinchar y agujerear y tú eres un niño tonto, o sea haz lo que te digo y no pienses que no sabes cómo hacerlo.
Es verdad que al niño tonto eso de pensar se le daba mal, pero al cabo cayó en la cuenta de que era tonto no idiota, volvió al mostrador y cogió un martillo que antes había visto allí y sin pensar, porque él no sabía pensar, golpeó con fuerza todas las tachuelas que antes había arrancado y volvió a meterlas donde estaban.
-¡Noooooo! ¡Noooooooo! Gritaba la señora silla, ¡deja de hacer esoooo!
Pero el niño tonto siguió golpeando hasta que la silla quedó como al principio, luego devolvió las herramientas a su sitio y se sentó en la incómoda silla golpeteando con los tacones una de sus patas.
Al final hizo el recado y volvió tan contento a su casa.

Moraleja: No hagas favores a sillas desconocidas que igual te saltan un ojo.